Quién va a traer amanecerescuando yo me mude de tus faldas
a otro abismo;
y en tus labios
-como un mortal reclamo blanquecino-
sólo la locura y el silencio,
describan las migrañas del infierno
que nos unían al cielo.
Incluso en los abismos habitan horizontes reveladores
Suelo hallaros en la noche,
donde la belleza se comprime
con la línea abismal del pensamiento,
para adentrar, como un sueño, en la retina
y calmar los huéspedes
que habitan los escombros del dolor;
condenándome y condenándoos
a esta muerte invertebrada
de soledad vertebral.
Fotografía: Don Gregorio Antón

Sólo la tierra
se prestó voraz para arroparnos
y olvidar que un día
existió un lugar
llamado: nuestro.