sábado, 2 de febrero de 2013

Estatuadesal - Huéspedes del Ocaso

Perverso el rastro
que se esfuma
atormentando
la senda escarpada
del olvido.

Perverso el rastro,
como obsceno
es el gemido de la sangre
entre los labios,
su antifaz de silencio,
la palabra esquiva
que -en el cielo de la boca-
esculpe la culpa
de antiguos huéspedes
del ocaso.

Estatua de Sal - En Espejismos

Los sueños
se tornan equilibrio
tan solo recorriendo
la distancia que nos une
iracional
en espejismos.

Creeme
de nada sirven las palabras
si al nombrarlas
nos arrastran al silencio.


domingo, 25 de diciembre de 2011

Estatuadesal - Siempre la Distancia

Siempre la distancia
rezando escamas
al borde de los labios.
Tristísima.
Como una soga mal lazada,
incapaz de soportar el peso
del cadáver que, en silencio,
se desploma.

Estatuadesal - La Llanura

La llanura
extiende sus límites
hacia el temor
que nos libera.
En su interior,
un camino circular
atraviesa la posibilidad de la nada,
el aliento inmóvil de la piedra
golpeada -sin retorno-
contra ese cuerpo sin luz
que es el olvido
como único refugio.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Estatuadesal - Lo Sagrado


Si estos versos
mantuviesen intacto
lo sagrado,

como el labio carnal que
-tras el llanto-
musita entrecortado
los recuerdos
que se aferran a la tierra
donde brotan las raices
de todos nuestros muertos,

soplaria en tus alas
el rumor de mis delirios
elevando a lo mas alto
tu destino,
donde el sueño de abrazarnos
sea posible,
como posible es la certeza
de que el viento
sembrará de dunas
el silencio.


Fotografía: Elena Grünstein

viernes, 16 de septiembre de 2011

Estatuadesal - El Desafilador


Ahora desafilo cuchillos.
Dedicarme con paciencia
a raer sus cantos acerados
y lanzar luciérnagas
al infierno que se agrava
bajo el cielo,
reajusta mi equilibrio.
 
He aprendido
tanto a medir el ancho
de lo profundo
como a no temer
vaciarme por sorpresa
los bolsillos:

el secreto que escondo
es tan tuyo como mío.

Estatuadesal - En Vano

Abandona.
No insistas en saltar.

Susurrar cenizas
no disolverá la niebla
que rezuma el precipicio.

Además
el hecho de caer
siempre exige algo más
que romperse la cabeza
contra el suelo.